Experiencias extrañas: con un Ford Orion de tramos

Pongámonos en situación. Año 2010. Todavía no tenía el Clio 197 que tantas alegrías me ha dado hasta ahora (y seguirá dando durante un tiempo al menos), de hecho, aún ni me planteaba la idea de poseer un “pepino” por el estilo. Hacía menos de un año que me había sacado el carnet y por fin iba a tener un coche que podría considerar mío, a pesar de que en realidad sería de toda la familia; un Ford Orion Ghia, con un motor 1.6 de 16 válvulas que rendía 90 caballos cuando salió de fábrica en 1993, de los cuales unos cuantos se habían “escapado” para no volver.

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Éstas son las espectaculares vistas que ofrece el Orion. Muy noventero todo.

El coche había sido de mi tío (en casa no hemos tenido coches nunca) y ya lo había podido conducir de lunes a viernes mientras mi tío se informaba sobre el que sería su próximo coche. Así pues, el quemado de la familia ya tenía su primer “hierro”.

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Experiencias extrañas: Conduciendo un kart sobre hielo

El pasado 26 de marzo tuve la oportunidad de tener una de las experiencias más peculiares de mi vida, la de conducir un kart… ¡sobre hielo!

Todo empezó cuando un par de semanas antes vi un anuncio en el periódico (sí, en papel) de algo que en un principio me descolocó por completo. No daba crédito a lo que mis ojos estaban viendo. ¿A quién se le ocurrió la locura de sumar un vehículo que ya de por sí es juguetón y hielo? Recordemos que el kart es tan divertido porque básicamente son “4 tubos”, 4 ruedas, un volante, dos pedales y un motor. Carece de suspensión y diferencial, y además cuenta con una batalla corta y un asiento que hace que tu culo vaya a escasos centímetros del asfalto (o hielo, en este caso).

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Así suele lucir la pista de hielo cuando no hay partidos de hockey.

Tras hablarlo con los amigos y mi hermano, decidimos que teníamos que probarlo (sí, era una obligación), así que reservamos la tanda.

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