La conducción autónoma: ¿fin de los coches deportivos o una oportunidad?

Lo primero de todo, ¿qué es un coche deportivo? Según la RAE un coche deportivo es un automóvil, generalmente de poco peso y de dos plazas, dotado de una mecánica de altas prestaciones y diseñado para circular a alta velocidad.

Yo le añadiría un pequeño matiz a esa definición: un deportivo ha de transmitir sensaciones. Para mí, un coche que aun siendo muy rápido no te involucra en la conducción, no se puede considerar deportivo. Tiene que “comunicarse” contigo, a través del tacto del volante, del sonido, de tu trasero. Ha de poder informarte a través del volante de lo que está sucediendo con las ruedas, si están perdiendo agarre o no. Tiene que indicarte a través del asiento si va a girar la trasera, sea para simplemente ayudar en la guiñada del coche o para adelantarte y hacer un trompo.

Y no, en mi opinión, muchos coches que se venden como deportivos no lo son.

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Esto sí es un deportivo.

Pero, ¿y qué pinta la conducción autónoma en todo esto? Vamos con ello.

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