De la dieselización a la hibridación

Los que ya peinamos canas (o peor aún, nos hemos hecho donantes de pelo), seguro que recordamos aquella campaña que lanzó Citroën hace unos años, protagonizada por Guillermo Summers e Ignacio Salas, en la cual ensalzaban un tipo de combustible que hasta entonces no estaba tan evolucionado ni era tan común como lo es hoy en día: el diésel.

Esta campaña, que contaba con un lema muy pegadizo utilizando un ingenioso juego de palabras (“diésel gustazo, diéselo”), y sumado a unas campañas de descuentos muy jugosas, hizo que en España el mercado del automóvil diera un giro radical de 180º.

En los años 70 y 80, la inmensa y abrumadora mayoría del parque móvil español estaba compuesto por coches de gasolina, relegando los motores diésel a una muy reducida minoría; eran o bien vehículos de gran tonelaje, o turismos dedicados a autotaxis, furgonetas, tractores, etc. Estos motores diésel de entonces, atmosféricos, se caracterizaban por ser muy ruidosos, toscos, lennnnntos… pero eran fiables y duros como rocas. Los motores Perkins eran literalmente indestructibles, pero su “encanto” no pasaba de ahí.

Sin embargo, con la popularización de los motores sobrealimentados gracias a los turbos a mediados de los ’90, esos motores diésel anodinos fueron ganando potencia, prestaciones y algo más de refinamiento con respecto a los primigenios, con lo cual fueron ganando adeptos entre la población.

Perkins

Un SEAT 131 con motor Perkins.

Y, como comentaba al principio, esta agresiva campaña por parte de Citroën para introducir los motores turbodiésel en el mercado, hizo que poco a poco en España los coches más vendidos en cada casa fueran con las siglas “TD” en su parte trasera. Algunos empezaron a montar un sistema de inyector por bomba, como los TDI del grupo VAG. Poco más tarde, la introducción de la inyección por raíl común, invento de Fiat, hizo que los coches diésel fuesen ahora una abrumadora mayoría, con un funcionamiento más suave y más similar a un motor de ciclo Otto.

Pero como sabéis (o, al menos, deberíais saber), un coche diésel necesita ser amortizado con el uso. Sin embargo, es incontable el sinnúmero de personas que tiene un vehículo diésel en su casa porque “hace muchos km”. Cuando, preguntados sobe el número de km anuales te sueltan “pues muchos, unos 10.000”, el facepalm lo deben oír hasta en Pekín. Un coche diésel, para que sea rentable, debe superar los 25.000 km anuales (yo, en la época en la que hacía más de 50.000 al año, creo que lo amortizaba bien).

Empero, en los últimos años, con las normativas anti contaminación cada vez más restrictivas, con la concienciación por lo ecológico y lo “bío”, los coches diésel han visto mermadas sus ventas, pero esas ventas que se han perdido no han ido a parar a los coches con motor de gasolina… No, esas ventas las están empezando a ganar otro tipo de coches, los híbridos.

Prius

Una especie de monovolumen con dos motores. ¿Qué puede salir mal?

Los motores híbridos combinan un motor térmico (generalmente de gasolina) junto con un motor eléctrico, movido por unas baterías enormes que se van conectando o desconectando según sea necesario, y con los que se consigue prácticamente igualar el consumo de los motores diésel más frugales.

Hay marcas como Toyota que apostaron desde el principio por la hibridación, y presentan una buena cantidad de modelos híbridos en casi toda su gama, y que tienen al Prius como su coche estrella. Poco a poco se van sumando casi todas las marcas, sacando coches híbridos, más o menos potentes, más o menos interesantes.

El siguiente paso fue motivado por la irrupción del invento de Elon Musk, el Tesla. Coches eléctricos pero con “chispa”, con cierto carácter deportivo, como nos gusta a los más quemados. Poco a poco, las marcas se van atreviendo a hacer coches eléctricos, con más o menos atractivo, y suelen dotarlos de un diseño cuanto menos “extraño”. Prueba de ello son el BMW i3, los extintos Opel Ampera…

i3

De perfil me recuerda a una bici de 29″.

Y parece ser que estos coches son los que van a marcar la próxima tendencia, el paso de la dieselización a la hibridación. Los coches de gasolina seguirán existiendo como un último reducto para los más puros amantes de la conducción, pero irremediablemente irán desapareciendo poco a poco. Hace poco leí que los coches antiguos, esos que tanto nos gustan, no van a recibir las pegatinas de la DGT que autorizan ya no solo a aparcar en las grandes ciudades en casos de contaminación, sino que incluso puede que ni siquiera autoricen la circulación de este tipo de coches durante dichos episodios.

Y en este punto es donde entramos nosotros. No hemos tenido la suerte de poder probar un Tesla, ni mucho menos coches deportivos como los ya mencionados La Ferrari, 918 Spyder, etc. Yo al menos sí he podido probar coches eléctricos puros como el Volkswagen eGolf, y también híbridos como el Golf y el Passat GTE, y solo estos últimos me han llamado algo más la atención, pero para nada se puede comparar con la respuesta de un coche de gasolina, o al menos no por el momento.

Así que, estimado lector, si quieres experimentar SENSACIONES dignas de un quemado, no tardes y adopta un coche de gasolina antes de que se extingan. Como decía el anuncio de Pescanova: “Pibe, lleváme a casa”; hazte con un coche de los de la vieja escuela, condúcelo, disfrútalo, porque puede que estemos viviendo ya los últimos años de este tipo de motores.

Contaminación

Esta será la pegatina que tendremos que usar.

Quizá, dentro de unos años acabe yo con un coche eléctrico, o híbrido al menos (la tendencia actual nos llevará irremediablemente a ello), pero, mientras pueda, intentaré disfrutar de los coches con motores de gasolina, a ser posible potentes, a ser posible grandes (como mínimo, con seis pucheros). Y cuando ya no quede más remedio, al menos intentaré coger algo que transmita lo que los amantes de la conducción espiritual buscamos cuando compramos un coche.

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4 comentarios en “De la dieselización a la hibridación

  1. Amigo con el carnet recién sacado se compra un Golf gti mk3. No lo mueve porque se queja de gasta mucho, y encima le da problemas (¿?). Lo vende un año después habiéndole hecho menos de 3000km (literal). Ahora tiene un tdi y está encantado de la vida, porque corre mucho y gasta poco. Claro que no gasta, si tampoco lo saca del garaje xD.

    Y ahí andamos, luchando contra los del “compra un diésel, que gasta menos”, “no te cojas un 3 puertas que es menos práctico”, “eso es muy viejo tío, uno nuevo es mucho más seguro”…

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    • Así ha pasado, que el diésel pasó de ser un combustible barato a tener un precio casi a la par con la gasolina. Y lo demás, pues el catálogo de frases típicas del cuñado de turno desde la barra del bar.

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  2. Lo que tengo claro es que con el tiempo todos vamos a pasar por tener un híbrido o eléctrico, aunque en el garaje tengamos un de esos coches de combustión interna, gasolina, para satisfacer nuestra nostalgia.

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