Viaje a Nürburgring, 2ª parte: Rodando en el infierno verde

Como bien sabéis y habéis podido leer, hace cosa de un mes fuimos Ander y yo a la Meca del automovilismo, al sitio donde todo fan del mundo del motor sueña con ir, y ese no es otro que el magnífico circuito de Nürburgring. En nuestra primera parte del viaje a Nürburgring pudisteis ver todo el viaje de Ander a Francia, el día en el Circuit des Écuyers y el final indeseable: mi pinchazo y la vuelta a 15 pulgadas, las cuales un mes después siguen en el coche.

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Foto sacada por nosotros mismo, buena señal.

Tras este breve resumen, vamos a lo que verdaderamente importa. El jueves, tras todo lo sucedido, empezamos a organizar el viaje entre Ander y yo, la idea era salir en cuanto yo llegase del trabajo dirección Reifferscheid, un pintoresco pueblo situado a escasos 10 minutos de Adenau y en el cual íbamos a quedarnos a pasar estos días, con el fin de llegar a eso de las 9 y media de la noche y poder descansar, ya que el sábado y el domingo nos esperaban dos días intensos en las Touristenfahrten (días en los que el público puede entrar a rodar en el BTG de Nürburgring).

La idea principal era salir a las 4 de la tarde pero como normalmente las cosas suelen salir mal, terminé de trabajar ese viernes más tarde que de costumbre, con lo que tuvimos que esperar más de lo esperado para realizar las 4 horas y media que separaban mi pueblo de la Meca. Una vez cargado el coche (a las 6 de la tarde) pusimos rumbo a Alemania con una sola premisa: llenar el depósito en la gasolinera de mi pueblo para así poder llegar hasta Luxemburgo sin parar y poder realizar allí el repostaje al precio más barato, ya que en las autovías francesas se llegan a ver precios de 1’60€ el litro.

Sinceramente, con esto de la comunidad Europea, o vas pendiente de los carteles, o ni te enteras que has cambiado de país y algo así me sucedió a mí, cuando me quise dar cuenta, estábamos a 10 km de salir de Luxemburgo, con lo que rápidamente me salí de la autopista y casualidades de la vida, caímos de frente con una gasolinera. Y qué maravilla de gasolina, llenar el depósito de 95 sin plomo a 1.01€/L, son pequeños detalles que enamoran, y ahora me declaro fan número uno de Luxemburgo y sus gasolineras (también me declaro fan número de sus coches, vaya nivel…).

Una vez realizado el repostaje, y la compra de tabaco (porque sí, el tabaco también es más barato) seguimos nuestro viaje, sabiendo que en cualquier momento caeríamos en la Autobahn.

¿Sabéis cómo descubrimos que estábamos en la Autobahn? Cuando íbamos circulando a 130km/h y los coches nos adelantaban como locos. Podríamos escribir un artículo entero de lo bien que se va en una autopista a la velocidad que mejor consideras, pero para resumir solamente diremos que al igual que la gente te adelanta cuando vas a 200km/h, en cuanto aparece una señal de límite de velocidad, todo el mundo se pone a esa velocidad, sin excepción (al menos la gente que nosotros vimos). Lo de ponernos a esa velocidad no solo fue por placer (que en cierto modo sí lo fue); también fue porque habíamos quedado con Christian a las 9 y media y a esa hora estábamos entrando en Alemania, quedándonos aún hora y media larga.

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Como ya os dijimos por twitter, Autobanh rules.

Christian era nuestro anfitrión: encontramos su casa por Airbnb, que como ya os dijimos en kilómetros de vacaciones empieza a ser nuestro patrocinador estrella para viajes low cost. Finalmente llegamos a las 11 y media de la noche, después de alargar nuestro viaje algo más de media hora por equivocarnos con la dirección. Christian se portó súper bien con nosotros, incluso llegando tan tarde, nos mostró su casa y lo único que podíamos decir cada vez que abría una puerta de su casa era un inmenso ¡¡¡GUAU!!!. Todo lo que podría decir de la casa se quedaría corto: cocina al estilo americano, dos cuartos con camas de 2×2 metros cada una, dos cuartos de baño, uno con ducha italiana y otro con bañera de casi 2 metros de largo y en el comedor uno de los sofá en L más grande que jamás he visto, y todo eso por tan solo 25 euros por persona/noche. Desde aquí solo me queda darle de nuevo las gracias a Christian por todo.

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Zona de parking para nosotros y todo, qué maravilla.

Llegó el gran día, el día D, era sábado y el despertador me sonó a eso de las 10 de la mañana. Ander y Mikel ya estaban despiertos esperando para que desayunáramos todos juntos e irnos sobre las 11 y media para el infierno verde, como habíamos previsto. Tras el desayuno cogí mi cámara NoPro, las llaves del coche y todas mis ganas y nos fuimos dirección Nürburgring, o eso pensé yo. El gracioso de mi GPS quiso que practicáramos un poco de inglés haciendo que diéramos una vuelta por los alrededores del circuito.

Finalmente llegamos por la parte bonita, la del cartel de Nürburgring en grande. Todo aquel que haya ido allí seguro que me dará la razón cuando digo que una mezcla de nervios y emociones se juntan en el estómago, ya estás allí, nada más importa, en ese momento parece que tienes el crédito de la casa pagado, que no estás en números rojos, todo se para durante unos segundos y solo existen el cartel, tu coche y tú. Esos nervios fueron en aumento cuando de lejos vemos el cartel de Bilstein y lo que parecen Audis R8 y BMWs M3 de resistencia rodando por ahí. No puede ser, pensé yo, no vamos a rodar todos a la vez en ese circuito, ¿no?

Y no, no íbamos a rodar todos a la vez, ingenuo de mí. Llegamos a la entrada del BTG, aparcamos fuera del parking principal y nos encontramos dicho aparcamiento vacío, tanto el de dentro como los que están a su alrededor. “Qué raro, ¿no?” le decía a Ander mientras íbamos en dirección al parking.

De lejos podíamos ver que la línea recta no se cortaba para realizar la salida y el acceso a pista y que los coches que estaban en ella tenían un nivel de preparación muy pero que muy serio. El encontrar los “peajes” de acceso a pista cerrados terminó de confirmar nuestra sospecha: hoy no hay Touristenfahrten, no vamos a poder correr.

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Momento bajón.

Qué bajón nos entró a todos (bueno, a casi todos, a mi chica se le veía una mezcla entre triste por nosotros y feliz por no entrar). Nos quedamos unos minutos sentados, pensando en qué había salido mal, porque cuando miramos en la web de Nürburgring ponía claramente que el sábado 20 había Touristenfahrten y ahora nos encontrábamos con este cartel…

Pasado el shock de encontrar las puertas cerradas, quisimos enterarnos un poco de qué es lo que ocurría, y tras hablar con unos italianos que estaban allí nos confirmaron que sí, que había Touristenfahrten pero a las 17:00 y durante una hora solamente. Al escuchar eso y después de pensarlo seriamente, Ander y yo decidimos que no entraríamos a rodar, una hora solo de pista abierta y en fin de semana era la mezcla perfecta para un posible accidente, teniendo en cuenta la cantidad de tráfico que íbamos a encontrar en pista por eso de ser solamente una hora, así que nos fuimos de tramos.

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Curvas, muchas curvas a las afueras de Nürburgring.

Lo bueno de Nürburgring es que no solo en el circuito hay curvas, sino que toda la zona se encuentra llena de ellas, con lo que conseguimos quitarnos un poco el gusanillo de la velocidad antes de ir a Adenau a visitar el pueblo. Adenau se podría definir como el pueblo donde todo quemado querría vivir, se respira gasolina por todos los sitios, sus parkings están llenos de joyas automovilísticas difícilmente visibles en otros sitios, sus concesionarios tienen en exposición BMWs M4 GTS por decir alguno y sus gasolineras en lugar de baños gigantes tienen una colección de maquetas en 1:43 y 1:18 de lo más grande que jamás he visto.

Otro de los puntos buenos de Adenau es que si el circuito tiene una curva con su nombre es porque pasa por ahí y lo bueno de que pase por ahí es que se puede ir a ver. Maldita la hora en la que decidimos ir… nunca en mi vida había visto una curva con tanta diferencia de nivel y unos coches pasando tan rápido, lo que podíamos ver desde donde nos situamos no era más que una carretera cuesta abajo, con una pendiente de mínimo 10% (claramente esto está medido a ojímetro) que terminaba con una curva rápida a derechas, la cual antes de morir empezaba a subir de nuevo para perderse entre árboles y muros anti ruido. Yo miraba a Ander y le decía: “Tío, es imposible, ¿cómo vamos a meternos ahí a correr? ¿Te has dado cuenta de que no existe ninguna escapatoria? Es una carretera con muros a su lado…”

Con todas las horas que he echado en la PlayStation jugando al Gran Turismo en este mismo circuito me resultaba imposible saber en qué punto del circuito estaba, y eso era solo un aperitivo de lo que nos esperaba para el día siguiente. Empezábamos a prepararnos, ya que nos esperaba un día duro y los nervios no hacían más que aumentar.

Antes de irnos a dormir ese sábado hice el planning con Ander para el día siguiente: teníamos que rodar en Nürburgring lo más pronto posible porque se esperaban lluvias durante casi todo el día, teníamos que volver a nuestra guarida secreta para comer y luego volvernos a Francia/España para el día siguiente (lunes) volver al trabajo.

Nueve de la mañana, el despertador suena, los nervios ya estaban ahí desde que me acosté, sabía que hoy era el día que tanto llevaba esperando, iba a poder “pasear” por Nürburgring, mi primera vuelta, la que nunca se olvida. Tomamos un desayuno rápido todos juntos mirando al cielo, está gris, bastante gris, pero el suelo está seco, parece que no ha llovido aún y si nos aligeramos podemos pillar la pista seca.

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Foto de equipo y a correr.

Salimos de casa a eso de las nueve y media, cargamos las cámaras y las ventosas para las NoPro y nos dirigimos a la entrada del circuito. A estas alturas hemos hecho tantas veces el camino que empiezo a sospechar que Ander no utiliza ya el GPS para llegar hasta él.

Me dirijo al kiosko que tienen en el parking para poder adquirir las entradas y les digo la siguiente frase (aprendida de memoria, claramente): “Hallo, one tour please… With credit card please”. Y ahí tenemos casi todo mi nivel de inglés, tenía a Ander cerca, por eso me hacía el valiente, pero en realidad no tengo ni idea de inglés.

Una vez fuera miramos las tarjetas que nos dan para entrar y nos miramos, ya está, lo vamos a hacer, habíamos hablado ya de cómo íbamos a rodar, y como Ander es Vasco y no conoce el miedo le di el placer de ir delante, yo le seguiría detrás con una distancia de seguridad adecuada y mucho amor. No habíamos salido aún del parking para entrar en el circuito y tuvimos que parar… bueno, tuve que parar. Creo que en lo que concierne al mundo del automovilismo nunca he tenido tantos nervios acumulados, tenía la boca húmeda, la parada fue casi obligatoria porque pensé que iba a vomitar todo el desayuno de la hora anterior, fumarme un cigarro y asimilar algo más lo que iba a hacer. Desde los 14 años he soñado con ese circuito, he dicho que tendría que ir a rodar con mi coche y salir airoso para contarlo, se me vino encima el saber que quien parte paga y que además si partía no sabía cómo volver a Francia… fue todo un cúmulo de cosas, un cierto parecido al miedo escénico que puede tener un cantante antes de salir pero a lo grande, tan grande como 20 km más o menos =P.

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Listo, me fumé el cigarro, miré a Ander con cara de “ya hemos pagado, vamos pa’ allá” y nos montamos en los coches, una pequeña fila de coches después estábamos pasando nuestra tarjeta y viendo cómo las barreras que ayer estaban todas cerradas ahora estaban abriéndose para nosotros y dejándonos descubrir el porqué del sobrenombre “infierno verde”  de este circuito.

Salgo detrás de Ander, pasamos por la pequeña chicane hecha con conos que nos da el acceso a la línea recta y empezamos a acelerar, la app MotorLap está conectada y nada más pasar el cartel de Bilstein empieza a contar nuestro tiempo de vuelta. 4 curvas después no sé muy bien dónde estoy, todo me suena por el Gran Turismo pero nada es igual, este es otro circuito, me lo han tenido que cambiar porque en el juego todas estas cuestas no están.

Ocho curvas después olvido totalmente intentar situarme con el juego y me centro en seguir a Ander, vamos lentos, muy lentos visto el número de coches que nos adelantan cada dos por tres, pero vamos sonriendo, nunca antes he sido tan feliz siendo el peor en pista con diferencia. Mis neumáticos Nisu no hacen más que chillar en cada curva, da igual la velocidad, parece que la trasera me va a adelantar en cualquier momento al más puro estilo Epic fail del ruido que llevo y no es que vaya desafiando a la física con velocidades imposibles, es que son malos como ellos solos. Antes de darme cuenta estamos llegando a Karussell, no me he dado cuenta porque voy casi más atento al retrovisor que a la carretera, pero sigo sonriendo, incluso más aún, ahí llega Karussell, es mío, es mi momento, paso lento, como en la mayoría de curvas del circuito, pero sigo sonriendo… Doce minutos después estamos llegando al final del circuito, sabía que iba lento, pero sigue sin importarme.

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Foto en el infierno, también tenemos la de Karussell, pero es por cambiar un poco.

Al salir del circuito, Ander y yo chocamos las manos y comentamos la jugada, parece que hemos ganado y además haciendo la mejor vuelta de la historia de BTG, o quizá eso cree la gente que mira nuestras caras con las sonrisas de oreja a oreja, hemos sido lentos, pero ya te digo yo que también hemos sido felices, muy felices.

Para darnos el gusto repetimos todo y volvemos a pillar una vuelta, las mismas sensaciones pero algo más concentrados en conducir, Ander baja casi un minuto y yo algo más de medio minuto, quiero volver a casa y mis neumáticos me susurran al oído que para hacerlo el under 10 no es la mejor opción, con lo que fue otra vuelta de disfrute y listo.

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Sí, también tenemos la de Karussell.

Lo hemos conseguido, no nos ha llovido aunque sí que lo hizo después (y de qué manera). Las maletas ya estaban preparadas, nos dimos una hora para relajarnos, algunos veían la tele, otros tomaban un baño y otros una siesta (vale, era yo el de la siesta, soy andaluz, no puedo evitarlo) y a eso de las 4 cogimos rumbo a Francia, teníamos por delante casi 5 horas de camino hasta mi casa pero poco nos importaba todo, habíamos conducido y sobrevivido al infierno verde, después de eso poco podría chafarnos el resto del día.

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4 comentarios en “Viaje a Nürburgring, 2ª parte: Rodando en el infierno verde

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