Kilómetros de vacaciones

Sí señores, ya se terminó lo bueno, como se suele decir. La mayoría de los mortales hemos vuelto a nuestros quehaceres, mirando de reojo el calendario para así saber qué día volveremos a disfrutar de estos merecidos días de descanso y poder así volver a empezar con la dichosa cuenta atrás.

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Solo BMW e36 sanos 😉

Pero el fin de las vacaciones también trae consigo el recordar las vacaciones pasadas, y para mí, éstas han podido ser las más petrolheads sin lugar a dudas. En principio, mis vacaciones iban a ser de lo más normales: bajar a Sevilla en coche (os recuerdo que vivo en París), pasar unos 10 días con amigos y familiares haciendo lo justo y necesario para no morirme de calor, y terminar haciendo una visita al País Vasco de unos 3 días ya que me cogía de camino a casa.

Pero claro, si algo me caracteriza es que suelo dejar las cosas siempre para el último momento, y esto no iba a ser menos. Cuando me quedaban 5 días para hacerme en coche los 1800 km que separan París de Sevilla, decidí hacer el cambio de aceite y filtros que suele hacerse en estos casos. Estaba listo para emprender un camino que según mis cálculos duraría unas 28 horas. Todo estaba a punto: nevera con refrescos, bocadillos y toda la música de Deezer descargada para poder tener un viaje de lo más ameno posible. ¿He dicho que todo estaba a punto? Quería decir “casi todo”. El coche llevaba unas semanas sonando más de la cuenta, nada que a un quemado como nosotros pudiese molestar, con lo que con ese sonido tan bonito emprendí (por tercer año consecutivo ya) el que empieza a ser el viaje de mis vacaciones.

Alrededor de 569 km, esa es la distancia que divide mi pueblo de Cognac. ¿Que por qué lo sé? Porque fue justo a esa altura del país, cuando llevaba 5 horas y media de camino, donde mi coche decidió hacer el resto del viaje a escape libre. Ese sonido de más que a ninguno de nosotros molestaba antes, se empezó a convertir en el sonido del infierno, (a ver, que tampoco voy a negar que durante media hora no me gustara ese sonido), pero a partir de ahí empezó cuanto menos a ser molesto.

El resto del viaje continuó con normalidad (toda la normalidad que puede darte un 6 cilindros en línea a escape libre), quitando esos momentos de tensión al pasar por los peajes del País Vasco y ver cómo me miraba la Ertzaintza, por mucho que cambiase a 3.000 vueltas, esto sonaba demasiado. Llegué a idear un plan infalible con mi compañero de viaje, con lo que en cada gasolinera que parábamos, nos aprendíamos el nombre para poder decir al posible agente de seguridad que nos parase más adelante que el escape se había roto a esa altura.

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Esto no os lo he contado, pero ya le he hecho el rodaje al coche.

Llegados a Sevilla (y sin ninguna multa por alteración del orden), lo primero que hice fue llamar a la gente de Duramas (necesitaba arreglar ese escape roto como fuera) y ellos, incluso con la agenda hasta arriba, consiguieron hacerme un hueco para arreglármelo y dejar atrás el sonido del infierno.

Aquí quiero hacer un punto y aparte para hablar de la profesionalidad de estos chicos, los llamé un viernes por la mañana estando en la frontera, diciendo que bajaba a Sevilla y que necesitaba arreglarlo urgentemente y consiguieron hacerme hueco para el lunes siguiente. Al llegar allí me cogieron a la hora acordada (un detalle, no siempre se puede decir lo mismo), pusimos el coche en el elevador y miramos la fuga juntos y me aconsejaron por donde cortar y qué hacer. Una hora después, tenía el coche terminado, con soldaduras de primer nivel y eliminando un cortafuegos que va justo antes del silencioso final, dejando así un sonido mucho más bonito, muy disimulado a bajas revoluciones (casi el sonido OEM) pero pasando a agudo/metálico cuando se pasan de las 4.000 vueltas.

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Muy buen trabajo ¿no os parece?

Una vez arreglado el escape tocaba disfrutar del verano, pero como bien os he dicho antes, suelo dejarlo todo para el último momento, con lo que cuando me quise dar cuenta, ya no quedaban sitios en el País Vasco (económicamente asequibles) así que sintiéndolo mucho tuvimos que anular ese plan, bueno, prefiero decir posponer, porque estoy seguro que voy a ir a visitar esa maravillosa tierra (frase patrocinada por Ander, vasco de los de cortar troncos en su tiempo libre).

Cuando ya pensaba que mi verano iba a ser lo de siempre, el grupo de whatsapp que todo quemado quiere tener dijo la frase mágica: “¿Quedada en Madrid?” Miré distancias, 5 horas de camino, y otros mil kilómetros que se iba a llevar el compact y a decir verdad no me lo pensé dos veces. Miré en Airbnb (empieza a ser nuestro sitio preferido para hospedarnos, dentro de poco les pediremos que nos patrocinen o algo XD) sitios para dormir por la zona, y al llegar a mi última semana de vacaciones, me subí sin pensármelo. Los largos viajes ya empiezan a ser lo de menos para mí, si al final del viaje hay algo que vale la pena, me apunto.

Y tanto que valió la pena: el plan era perfecto, subir a Madrid para hacernos unos tramos y una cena de grupo, encontrarnos con Amanciio, al cual aun no tenía el placer de conocer y con su amigo Álvaro, los chicos de SoloBmwE36 y Sr. Pera (lo que viene siendo el DreamTeam de blogs del motor). Una vez todos reunidos en un centro comercial, decidimos atacar las curvas, un tramo que sube hasta lo más alto de Navacerrada, con curvas bastante enlazadas pero en el que llegamos a pillar mucho tráfico. Cuando llevábamos unos 5 minutos de tramos, vemos a Sr. Pera y Amanciio aparcados en un lado de la carretera, nos paramos todos detrás y escuchamos lo que la mayoría ya sabéis:

– “El coche me ha dado un calentón, nos hemos enganchado Amanciio y yo a unas motos subiendo y se me ha puesto al rojo, así que por eso estamos aquí”.

Pera nos daba la noticia mientras llamaba a Sr. Coco pidiendo ayuda y nos decía que siguiéramos sin el, pero no chicos, esto es como en la guerra, no se deja a nadie atrás (no man behind), así que guardamos nuestras ganas de correr y subimos lo que nos quedaba de puerto detrás de un camión a unos 30km/h hasta llegar a un bar arriba del todo.

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Momento calentón. PD: somos unos pros en esto del photoshop.

Tras tomarnos nuestros refrescos oportunos mientras el compact rojo se enfriaba, decidimos seguir dirección Rascafría. El Sr. Pera se despedía al mismo tiempo, no le apetecía a nadie, pero una retirada a tiempo puede ser una victoria.

El tramo sirvió para que entre risas, fotos y otras muchas cosas, Álvaro bajase de mi coche tembloroso y diciendo, “pillo MDU sana”, lo teníamos, otro más que se une a estos coilovers chinos de las que tanto se habla últimamente. Mientras tanto, mi novia que venía conmigo para visitar Madrid al día siguiente, no paraba de decirme lo mucho que me odiaba, que ella no sabía para qué queríamos venir a la sierra, pero lo que tenia seguro es que no iba a volver nunca más conmigo.

Nuestra quedada terminó en una pizzería, hablando tranquilamente de lo vivido ese día, pero sobre todo y hablo muy en serio, para mí terminó con un grupo de whatsapp convertido en un grupo de amigos.

Processed with Snapseed.

¿Sabéis lo mejor de estas vacaciones? Que no terminaron aquí, por lo que si aun no lo sabéis, pudimos darnos una escapada y hemos viajado a Nürburgring y pinchando aquí podréis leer la primera parte de la entrada de nuestro viaje y nuestras aventuras.

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Un comentario en “Kilómetros de vacaciones

  1. Pingback: Viaje a Nürburgring, 2ª parte: Rodando en el infierno verde | 4 Wheels 4 Fun

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