La primera vez

Hoy os traemos una colaboración de uno de esos “locos” que pululan por ahí, uno como nosotros, que casualmente es conocido nuestro. Delco Octane, que es quien firma esta entrada, nos explica todo lo que se le pasaba por la cabeza en uno de los momentos más importantes de todo quemado, su primera vez (estamos hablando de coches, no lo olvidéis). Abrochaos los cinturones, que arrancamos.

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Estás deseando girar esta llave…

Siempre hay un inicio. Un estreno. Una primera vez. Se suele decir que siempre es distinto a como lo solemos imaginar y que, si tienes unas expectativas altas, quizá te lleves una bonita decepción. Pues no. O no fue así en mi caso. Fue excitante y con algo de magia, si entendemos a esta última como la sensación de que no tienes ni puñetera idea de qué va a pasar a continuación, pero no puedes aguantar las ganas de continuar.

Así fue la primera vez que disfruté conduciendo mi trasto, un E36 323ti. Y así fue la primera vez que experimenté aquello de estrenar coche y que este fuera de mi propiedad. Si a todo esto sumamos que era mi primer RWD y el primero con más de 150cv ya os podéis hacer a la idea de que el estreno no era doble, era cuádruple. Lo cual, claro está, multiplica por cuatro todo, incluyendo tus preocupaciones. Que si es demasiado potente para alguien con 21 años y solo uno de carné, que si es demasiado complicado por tener tracción trasera, que si un BMW es muy caro de mantener, etc.

Como todo amante de los coches, llega un momento de tu vida en el cual te cansas de leer, ya sea en blogs como éste (bueno como éste no, porque este blog es único, el mejor del mundo y la galaxia, el puto amo de los blogs, solo por entrar ya te sientes mejor y sales de él más guapo y con mucho mayor conocimiento, y gratis eh, de pagar nada), en revistas especializadas o de escuchar amigos que tienen un coche divertido y te cuentan lo excitante y lo que mola la vida con un cacharro como ese. Y claro, tú con los dientes largos y con una envidia que te engorda seis kilos. Así que, decides buscar tu propia montura para ser tú el que mole y el que lleva esa vida tan increíble (que luego no es así) y dejar de ser el pringado al otro lado de la pantalla. Todo esto que me pasó a mí en su momento se terminó cuando encontré un bonito E36 323 ti (sí, bonito un compact, qué pasa) por 1800€ en internet. No me lo pensé, claro.

Total, que después de ver el vehículo, hacer papeleo y todo ese rollo que es cumplimentar el cambio de nombre, acabé con el coche aparcado delante de mi casa. Sí, sé lo que estáis pensando, que para que el coche llegue a mi casa y para probar su estado hay que conducirlo.  Entonces, ¿fue ahí cuando se hizo la chispa, cuando empezó la diversión? No, y no, es un rotundo no, porque me acompañó mi señor padre a comprarlo, y tú con solo un año de carné y sabiendo que llevas un coche que no es tuyo, a demás de tener a tu progenitor dando el coñazo todo el rato, no disfrutas lo más mínimo, créeme. Es más, para un servidor fue lo más parecido a que me volvieran a examinar para el práctico, todo tensión para no meter la pata, porque me conozco y soy propenso a hacerlo y porque cuando lo hago, la meto hasta el fondo (if you know what I mean). Como podéis imaginar esa primera toma de contacto no me dijo demasiado emocionalmente hablando, por no decir nada.

Lo normal cuando compras un coche suele ser acordar con el dueño que no rescinda el seguro de forma inmediata hasta que tú puedas dar de alta el propio, para no quedarte en bragas y porque básicamente, circular sin él es ilegal. El problema aquí (sí, otro más) era que nadie quería asegurar a un joven de 21 años que había dejado de llevar la famosa L hace un par de meses, por lo que hasta que encontráramos seguro, no podía tocar el coche.
Así que, me habían dado ordenes estrictas desde las más altas instancias familiares (mi madre) de que no podía acercarme a mi propio coche a menos de 2 metros mientras no tuviera seguro propio.

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Esto es lo que ve Pegasus.

Aquí tenéis el peor método de tortura para alguien que le gusten los coches. Ni la tortura china, ni golpearte el dedo meñique del pie con un mueble, nada duele más que ver a tu flamante coche nuevo muerto de asco y no poder conducirlo.

Cada vez que llegaba de trabajar no podía evitar mirarlo, y el muy mamón me devolvía la mirada de forma coqueta, incitando a que me pasara por el forro todo mi sentido común y a que me expusiera a la furia de mi madre. Así que sí, eso hice. Qué se le va a hacer, soy débil, y qué coño, merecía la pena el riesgo.

Así pues, a las dos de la mañana y sin poder dormir, debatiéndome entre cumplir con lo dicho o salir a jugar con el nuevo chico bávaro de la familia, me decidí por lo último. Me vestí, agarré el móvil y las llaves, y conseguí salir de casa sin despertar a nadie a pesar de que no pude hacer más ruido.

Y ahí estaba yo, admirando su figura durante un par de segundos, con esas líneas tan cuadradas, remarcadas por la iluminación de las farolas, mezclando tonos azules gracias a los juegos de luces. Igual que un niño mira su regalo la mañana de navidad, presa de la emoción y el nerviosismo pero con mayor cara de idiota, claro.

Mientras él me saludaba con su “beep” al accionar el mando a distancia, abrí la puerta y me monté dentro, con un torbellino de pensamientos en la cabeza. “Ya verás como me la hostie, y como tenga que llamar a mis padres en mitad de la noche, qué gracioso va a ser todo” y también un “Joder, esto es una puta pasada”. Vamos, lo que viene siendo la dualidad de los placeres culpables.

Meto las llaves en el contacto y como un gato acomodado me responde con el ronroneo gutural del ralentí (el parecido con un felino no acaba ahí, resulta que no se lleva precisamente bien con el agua…). Ahí el escalofrío no lo pude evitar. Después de conducir el Alfa Romeo 156 JTD de mi madre aquello era algo totalmente distinto. Un mundo nuevo se abría ante mí, más divertido, pero también más serio, como no tardaría en aprender. Esto era subir un escalón en todo, para bien y para mal, pero claro en ese momento solo pensaba en lo que molaba aquel volante en forma de ensaimada, con el cuero totalmente desgastado por los lados.

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Esto es lo que se ve cuando te montas en un E36 Compact.

Piso el acelerador y el murmullo ronco pasa a ser un grito más agudo, como si me avisara de que si le aprieto los machos me va a responder con creces, y la sonrisa de idiota que se me queda es enorme, tanto que no se me va a quitar hasta varios días después. Y todo eso sin salir del parking. Me pongo el cinturón y allá vamos. Ni se me ocurre pensar que un chaval joven, con un E36 que tiene lunas tintadas, a las dos y pico de la mañana y que no va asegurado, tiene todas las papeletas para que le acabe parando la policía y con un marrón gordo, pero estoy tan centrado en el coche que ni se me pasa por la cabeza (eso y que soy subnormal profundo, que también contará algo).

Le doy un par de apretones y me responde siempre al momento, incitándome a seguir, a que ponga a trabajar a sus seis cilindros como Dios manda. Salgo a la autopista y ahí sí, el pie a fondo y la aguja hasta la zona roja, mientras subo una marcha detrás de otra. La adrenalina se me sale por los ojos y no pienso en nada más, solo en que no quiero que esta sensación se acabe nunca, y me dejo llevar hasta que por fin miro el velocímetro y veo que duplico la velocidad legal. Toca bajar, que soy imbécil pero no tanto. Llego hasta Conde de Casal, en Madrid centro y allí paro.

Mientras me baja la sangre de la cabeza se me ocurre que esto no puede molar más, hasta que recuerdo que sí que hay una forma. Pongo la radio del coche, enchufo el móvil y empieza a sonar Kavinsky con la banda sonora de Drive. Ahora ya puedo morir en paz. Callejeo durante una hora por el centro disfrutando de la falta de coches y de conducir por el mero hecho de hacerlo. Sin prisas. Sin rumbo fijo. De vez en cuando, a la salida de un semáforo salgo con rudeza, pero sin pasar el límite. Me río, sobretodo si el taxista de al lado se me queda mirando con cara de querer decir “loco gilipollas ojalá te mueras”. Más risas. Estoy disfrutando como un enano. El reloj marca las tres y cuarto, cuando me acuerdo de que mañana trabajo. Toca regresar, pero eso sí, de vuelta en la autopista me dejo llevar una vez más y vuelvo a tener el cerebro saturado entre mi amiga la adrenalina y su colega la dopamina. Casi parece una droga, porque engancha que te cagas.

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¿Aún no has visto Drive? Pues ya estás tardando…

Cuando aparco se despide de mí con un guiño de luces al cerrarlo, con esa mirada pícara porque sabe que estaré contando los minutos para volver a conducir.  Antes de irme, me giro una vez más para mirarlo y no puedo evitar volver a sonreír al pensar que voy a tener esto todos los días. Me levantaré en tres horas y voy a dormir muy poco, pero qué bien lo voy a hacer. Esto ya no me lo puede quitar nadie….

Y así acaba mi post sobre la primera vez, después vinieron otras muchas cosas, buenos momentos y experiencias inolvidables, muchos disgustos, vueltas en un par de circuitos, trompos, cruzadas, alegrías y un par de sustos, de los que acabas riéndote porque te has librado de una buena, y de las que acabas lamentado lo tonto que eres (es decir, una hostia bien dada), y muchas cosas más, pero todo esto ya es una historia para otro día.

Ahora te toca a tí, venga no seas tío vago y cuéntanos cómo te fue. Y en el caso de que todavía no te hayas decidido a comprar tu propia arma de diversión masiva, ¿a qué coño estás esperando?.

PD: Gracias a Kevin y Ander por dejarme participar en su blog, al cual yo di nombre por cierto, lo cual debería darme derecho a ir a comisión, ¿no?, ¿nada?, vale…

PD2: Aviso para haters, se que he escrito sobre un 323, que “solo” tiene 170cv y un 6L, que no es un V12, pero para mí aquello supuso algo así. Como cuando pasas de meneartela a tener novia y hacer un home-run todas las noches. Si me entiendes bien, si no, a cagar.

Delco Octane

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8 comentarios en “La primera vez

  1. Si no fuera por esta parte (que no puedo compartir por razones obvias)

    “llega un momento de tu vida en el cual te cansas de leer, ya sea en blogs como este (bueno como este no, porque este blog es único, el mejor del mundo y la galaxia, el puto amo de los blogs, solo por entrar ya te sientes mejor y sales de él más guapo y con mucho mayor conocimiento)”

    Sería un artículo de diez, así que le daré un 7,5…

    Muy bueno en realidad, a más de uno los hubiera gustado iniciarnos con un trasto semejante a pesar de tener casi asegurada la galleta definitiva con el…

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    • Gracias por ese siete y medio, me alegro de que te haya gustado tanto!
      La verdad es que el modelo en este caso creo que tiene que quedar a parte. Obviamente tiene su importancia por ser el medio de la historia, pero lo que más quería compartir y sobre lo que quería hacer énfasis es en aquello que se me pasaba por la cabeza y las sensaciones que tenía de estar entrando en terreno desconocido. No creo que hubieran sido muy distintas aunque el coche hubiera sido un Golf GTI mk3 o un Mx5, por ejemplo. Dinámicamente sí, pero emocionalmente hablando no creo. Al final la ilusión de tener tu coche y sobre el que empezar tu propia historia de quemado, es con lo que más me quedo.
      Lo del 323 no tiene tanta historia, al final como con todos los coches, sin importar tracción o potencia, mientras tengas siempre en mente tus propias limitaciones como conductor, no tienes porque tener mayor problema. Las cosas llegan a otro punto cuando intentas pasar por encima de esas limitaciones o ver donde están, ahí la galleta ya ronda peligrosamente, sea Oreo o María, el caso es que tienes todas las papeletas para comértela xD

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  2. Madre mia… me ha encantado macho. Me has echo soñar con mi momento. Mientras te leía te aseguro que podía verte, ha sido como ver el trailer de una película en el que te quedas =Q__ y dices esta peli tengo que verla ya.
    PD: Gracias por tenerme unos cuantos minutos con cara de tonto sin parar de sonreír.

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    • Si has sido capaz de ver tanto en mi entrada entonces te tengo que agradecer yo a tí. Me alegra saber que has disfrutado leyendo y que, durante esos minutos hayas estado ahí sentado conmigo, apretando el acelerador contra el suelo y sonriendo como un bobo, porque eso significa que no lo he hecho tan mal y que he estado a la altura del blog y de sus lectores. Gracias tío 😉

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  3. Buenísimo!!!!!!!
    Yo aun no tengo coche propio (y lo que me queda xD), pero en casa siempre me lo dejan, así que no hay problema. La historia me recuerda más o menos a cuando te acabas de sacar el carnet. Cuando me lo saque yo y tuve que esperar a que me dieran el permiso, menuda desesperación. Vivia pegadisimo al móvil esperando un mensaje de mi profesora avisandome que ya lo tenia. La semana se me hizo larguísima. xD Ya cuando lo cogí, encontraba la mínima excusa para conducir (“oye, quieres que te lleve al baño con el coche?”).
    Con esto quiero decir que entiendo esa desesperación de no poder hacer algo pero tenerlo tan a mano. Aunque yo en tu caso no lo hubiera cogido, porque me pienso mucho las cosas y creo que no acabaría disfrutando del momento pensando en lo que puede pasar.
    El Saxo que tengo yo 1.1 con 60 cv tampoco es que de para mejorar los parciales de Loeb en un tramo de rally, pero de vez en cuando saliendo a apretarle, es divertido, aunque no te pegue al asiento con 2g de fuerza. xD. Lo bueno es que es más díficil pasarse de la velocidad legal.
    Creo que el día que me vaya a comprar un coche, quizás pete o algo así…
    Un saludo!

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    • Bueno no te preocupes que todo llega 😉 Ya verás como cuando tengas tu propio coche para conducción vitaminada todas esas sensaciones se te multiplicarán por mil, así que cuando eso ocurra acuérdate de esto y saborea el momento todo lo que puedas, que solo es una vez!!!
      Me alegro de que te haya gustado mi post tío, un saludete.

      Le gusta a 1 persona

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